Sus ojos buscaron los míos.
—Gracias.
—¿Por qué? —Me encantó la sensación de sus brazos alrededor de mí y cómo encajé contra él, duro contra blando.
Pasó sus dedos sobre mi brazo, y quedé impresionada con la forma en que podía hacerme temblar.
—Por todo —dijo.
Regocijo aumentó dentro de mi pecho, y mientras estábamos en los brazos del otro, nuestras respiraciones salían entrecortadas, nuestros cuerpos entrelazados, todavía no podíamos conseguir lo suficiente el uno del otro. Nos besamos. Hablamos. Vivimos.
Auteur: Jennifer L. Armentrout