Eso es lo que conmemoran con esa estatua en el puerto de Nueva York: a una zorra a la que le gustaba que se la follasen sobre los desperdicios del volquete que transportaba a los que iban a ser guillotinados. Ya puedes levantar la antorcha tanto como quieras, querida, que todavía tienes ratas en el vestido y semen frío corriendo por tus piernas.
Autore: Neil Gaiman