No puedo creer que no quieras nada. Va a ser un cumpleaños aburrido.
"Libertad", pensé yo. Ése era el único regalo que anhelaba: libertad para tomar mis propias decisiones, libertad para amar a quien yo quisiese.
No importa -dije en cambio.
¿Qué es lo que...? -se detuvo. Lo comprendió. Siempre lo hacía.
Autore: Richelle Mead